El mejor lugar

En los últimos años, especialmente desde la teoría literaria de los años setenta, y hasta las expresiones más contemporáneas de la plástica, ha renacido la pregunta sobre la condición femenina. En este contexto se puede leer la obra de Estela Bagnasco.
La artista trabaja una forma-madre, una muñequita tipo Barbie y a partir de allí comienza una exploración de conceptos relacionados con lo femenino.
El gesto no es inocente si consideramos que las primeras expresiones artísticas (o por lo menos lo que hoy consideramos como tal) partieron precisamente de una figura femenina de piedra, aquellas Venus de vientres, caderas y senos abundantes que hasta hoy se han creído fetiches de fertilidad. Bagnasco retoma una forma antiquísima para actualizarla en su grado más profundo, cambia la piedra por resina transparente y las formas generosas por otras más escuálidas, impuestas desde los medios de comunicación masiva, particularmente la publicidad. Según los estudios más reciente, en los albores de la humanidad las comunidades organizadas eran matriarcales, era la mujer el eje de la tribu y era la divinidad lunar, primera en el panteón de los dioses.
No sabemos todavía ni cómo ni cuándo, pero la Luna fue reemplazada por el Sol y el hombre pasó a liderar la tribu.
En un siglo XXI incipiente, estamos viviendo momentos de cambios profundos en la humanidad y el “eterno femenino” retorna para equilibrar las fuerzas masculinas.
Bagnasco parece estar consciente de esta situación y en su obra rescata las miles y maravillosas virtudes atribuidas culturalmente a la mujer. Tareas tradicionales como la cestería, el bordado o la confección de textiles varios (en rigor, tareas compartidas por ambos sexos, pero asignadas a la mujer) son rescatadas y dignificadas en las pinturas de Bagnasco.
A la sociedad post industrial todavía le resulta difícil y hasta incomprensible entender el potencial cultural de un textil tradicional, ¡ si supiéramos cuánta sabiduría y cuántos conocimientos se esconden en la trama hilada de lana, cuántas historias familiares, personales y tribales! Se ha comprobado que en los tejidos tradicionales no sólo se pueden anoticiar la unión de clanes sino tambien la WELTANSCHAUUNG ( Cosmovisión) de todo un pueblo, el concepto de tiempo y espacio, de comienzo y fin de la humanidad. Con la misma humildad de aquellas anónimas tejedoras. Bagnasco rescata el colorido entramado de una tela para usarlo como fondo ( a veces protagonísta) de sus pinturas.
La serie de muñecas de resina están hechas a partir de un molde que las masifica; son todas de la misma altura, material y expresión, casi a la manera de los maniquíes anónimos de Giorgio De Chirico. Sin embargo hay un rechazo interno a la unificación, cada una de ellas lleva dentro un elemento distinto, casi todos ellos relacionados con la estética femenina y – sobre todas las cosas- del acervo más íntimo y personal de la artista. Es una manera de gritar individualidad y la historia personal por encima de los mandatos unificadores. No menos importante es el hecho de exaltar el cuerpo de la mujer como continente; en ningún momento Bagnasco plantea un “mujer fálica” o una figura que se iguale a las virtudes (o defectos) masculinos, por el contrario, al introducir cada uno de estos elementos dentro del cuerpo femenino, la artista potencia esa capacidad de vasija, cuenco y recipiente de la mujer, que no se limita a la posibilidad de gestar una vida humana en su interior, sino de ser reservorio de la potencia lunar, del principio yin del Tao.
Que el cuerpo sea transparente no es menos significativo. Bagnasco hace hincapié sobre el aspecto más claro (como la luna llena), el más abierto y puro.
La historia de la condición femenina es más que fascinante, y más aún si aprendemos a distinguir sus arquetipos (en el sentido junguiano de la palabra) como Gea o la Pachamama, Isis o la Vírgen María y otros tantos símbolos de lo femenino.
Con su obra, Bagnasco agrega un capítulo más a esta historia de embeleso, recoge y actualiza lo mejor de su género desde un lugar que capitaliza lo más arcaico y actual de todas las mujeres del mundo.

por Julio Sánchez

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Mujercitas- Instalaciones

Inauguración Martes 5 de marzo Clausura 12 de marzo de 2002
Salas Nacionales de Exposición Palais de Glace
Curador de la muestra: Arq Gustavo Vazquez Ocampo

El cuerpo ha sido uno de los tópicos más expresados en la materialización plástica por lo artistas de la generación de los noventa. Las referencias autobiográficas nos remitieron a una superabundancia de consideraciones donde el arte de las mujeres se convierte también en un género específico que, desde los años setenta marcará una historia singular en la producción artística. La instalación de Estela Bagnasco nos remite a la significación del cuerpo como referente en la etapa de la niñez, y más tarde en la edad adulta. En el período de la infancia es donde el hombre y la mujer van formulando a través del juego una identificación sobre funciones y roles sociales, que más tarde incorporarán a modo de elección de vida.
El juego de las muñecas con la imágen niña, parte del canon de belleza concebido de acuerdo a su tiempo histórico. A la generación de Estela Bagnasco le correspondió la famosa Pierangeli, más adelante será la Barbie, protagonista de los sesenta la figura estilizada de largas piernas, abultado peinado, cintura de avispa, perteneciente a un período de esterotipación de la feminidad como producto de los mass-media.
Aquel canto tradicional de la ronda que decía “que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar” iba dejando lugar a otros tipos de juegos más perversos. El cine y la televisión iban a mostrar otros aspectos de la feminidad. La artista señala en esta instalación de “Mujercitas”, que no ha perdido esa virtud del juego, que ella muestra dentro de la transparencia de sus modelos (Material como el poliéster), la parafernalia de objetos utilizados por la mujer para ser bella, y nos propone mostrar su acción en la tarea instalacionista, al recolectar, clasificar y elegir los que capturará cada mujer-muñeca de su serie, al destacar uno de los ejercicios de la feminidad. La mujer a modo de caja, de nido, de receptáculo, es parte de su identidad, “el mandato de su ego de estar siempre bella por su propio deseo responde también al deseo del otro”. La elección del torso y el vientre indica el lugar de la emoción y de la matriz generadora, comenta Estela Bagnasco. Es allí donde remarca en la instalación, el lugar donde reside el sentido de estas funciones. La cabeza al no ser individualizada alude a una especie de clonación, de anomia, de ser también la mujer – objeto que tanto los medios como la sociedad han transformado en una especie de maniquí.
El video que acompaña a la instalación recrea junto a otros objetos de su pertenencia, el mundo referido a la mujer, en especial a esa mujer vista desde su propia biografía.

Rosa Faccaro
A.A.C.A A.I.C.A

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Transformaciones de una imagen

Hay dos aspectos que se conjugan en esta muestra que Estela Bagnasco ha denominado “Transformaciones de una imágen”. Uno es el hecho religioso que se produce a partir de la imágen de la Virgen de Guadalupe, patrona de América.
Las diferentes y sucesivas transformaciones de su imágen al ser sometida en sus reproducciones fotográficas al proceso de plastificación, suman su carácter misterioso a los antecedentes milagrosos de esta imágen de la Virgen.
El otro elemento que caracteriza a esta exposición es el arte-correo, como género artístico participativo, que aún está en proceso de desarrollo. Se establece, de ese modo, una manera singular de poner en circulación a la fé católica a través de un medio actual y vigente.
La comunicación es hoy en día, un hecho fundamental de la vida social.
La fé, el arte y la comunicación se conjugan en esta exposición y nos vincula con ello a la experiencia de vida, que esta propuesta recoge y enriquece.


Fermín Fevre
de la Asociación Argentina e Internacional de Críticos de Arte

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Simbolos de la tierra- La piedra y el fuego

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Simbolos de la tierra- El fuego

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Homenaje a Richard Diebenkorn

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